
Estoy saltando sobre un pie.
Siempre es un placer colaborar con David del canal de Youtube Gafas y ojeras. Después de dos reseñas (Minerva y El Laberino) y varias charlas a través de Instagram, nos hemos ido conociendo un poquito y es un cacho de pan, además de un tío la mar de divertido, sin embargo, le envié El selfi con miedo (con las otras también, pero, leches, ya era la tercera) y con un inmenso respeto porque estamos hablando de alguien que sabe, y mucho, de terror.
Total, que cuando salió la reseña, acudí a ella como cuando iba a mirar las notas en el tablón en la universidad: un poco cagada.
Sin embargo, hemos sacado buena nota, al menos, en el grueso del examen.
Os dejo algunos fragmentos de su reseña y, como siempre, os invisto a que visitéis su Instagram para leer el resto y su canal de Youtube Gafas y ojeras. Si sois amantes del terror, me lo agradeceréis.
No suele ser una buena idea cobijarse bajo la sombra de ciertas obras consagradas. Detrás de ellas se esconden una legión de fanáticos de uñas afiladas que encontrarán ofensas a cada palabra que se mancille, excusados en la profanación que supone inspirarse en alguno de los pasajes de sus idolatrados libros. El selfi de Dolores Gray esconde esa osadía, navegando entre las olas de una de las novelas más carismáticas de la literatura universal. No resulta fácil salir airoso de ese enfrentamiento.
Sin embargo, tengo la sensación de que esta obra de Rosa Garrido ha salido airosa de la afrenta. Quizás por la acertada actualización del mito, partiendo desde el propio título y de la modernización que requiere el contar una historia como esta en los tiempos que corren. Conforme avanza la narración aceptas las premisas del juego que propone la autora y aparecen todos esos aciertos, que se sienten cercanos y reconocibles. Dolores Gray comparte maldición en pleno siglo XXI y eso arrastra una estela de vanidad dentro de una persona engreída y perversa. Y como tal actúa sin pensar en las consecuencias de sus actos, consciente de esa impunidad moral respaldad por la ausencia de consecuencias. Quienes conozcan la obra de Wilde comprenderán las implicaciones devastadoras de sus desmanes y, quizás, ahí es donde se esconde el acierto de esta arriesgada propuesta.
Rosa ajusta cuentas con ese tipo de personas, aunque se tome todo el tiempo del mundo para llevar a cabo su escarmiento.
La obra se siente cercana, contemporánea y cargada de mala leche en su afán de retratar una sociedad en el que el protagonista de la novela de Wilde se convertiría en un influencer. De ahí que la lectura de esta propuesta divierta y cumpla con su cometido sin avergonzarse por sus homenajes. Un relato que, me atrevo decir, hubiese florecido de haber apostado por una novela. Aun así, el sabor que te deja está lleno de dulzor.
Davi Calpa, Gafas y Ojeras