
Se pasaron a verme compañeros escritores como Daniel Piniella, que sigue escribiendo y no para de feria en feria, y también la primorosa Anabel Soto, malumera como yo.
Me visitaron de nuevo la joven Noelia y su padre. En 2024 se acercaron a la caseta de Nou Editorial, el padre me contó que estaba intentando encontrar una lectura para que Noelia retomase su afición por los libros y probaron con el terror, más concretamente con Laberinto. ¡Y funciono! Según me contaron, ahora no puede parar de leer. Se llevó El selfi y yo una alegría tremenda.
También se pasó María Jesús, presentadora del podcast El beso en un verso, con su hijo Iván. (María Jesús, no me creo que ese hombretón sea tu hijo, ¡con lo joven que estás!).
Quiero darle las gracias a Lucía y a Pía por visitarme, hacerme foritos y, por supuesto, por llevarse El selfi bajo el brazo. Pía, espero que te haga disfrutar muchísimo.
Gracias a Laura, que llegó a la caseta con Laberinto en las manos y los ojos chispeantes para que se lo firmara como si yo fuera el mismísimo Brandon Sanderson o algo así 😊. Aluciné.
Me explicó que no encontraba novelas de terror que realmente la estremecieran y que Laberinto lo consiguió. Se llevó El selfi. Laura, espero que consiga ponerte los pelillos de punta tanto o más que Laberinto.
Gracias a Alfonso, que llegó a última hora y me pilló de chiripa y a Mercedes, que se decidió por La habitación de Minerva. No se puede ser más maja.




E incluso gracias a la señora que, después de decirme (para mi sorpresa) que le gustaba el terror (no es fácil que justo un aficionado al género se pare en la caseta) se leyó las primeras páginas de Minerva y de El selfi y me las devolvió como si le quemaran en las manos con un «Meh, no me hacen mucha gracia».
Gracias, señora, todavía estoy digiriendo su sinceridad.
Ah, y no me puedo olvidar del señor viajero (había dado la vuelta al mundo no sé cuántas veces, en moto, en coche en tren, en todo), que ojeó mis novelas y acabó contándome que tenía un montón de aventuras escritas pero que no sabía escribir y que necesitaba a alguien para hacerlo: pues, por un buen precio, estaba en el lugar correcto. No insistió mucho (ni yo).
Y, por supuesto, gracias a todos los que tuvisteis el detalle de parar simplemente para escucharme un ratito hablar sobre mis libros, aunque no me conozca ni el Perry, y a Alberto de Editorial Maluma.