
Os dejo la reseña Juan Flores.
Los pelos como escarpias…
Un viaje en todos los sentidos y con todos los sentidos.
Un desvío que nos lleva a un laberinto maligno… antinatural…un viaje al otro lado de la verdad…al otro lado del espejo que escupe una falsa imagen de nosotros … que nos enseña aquello que no queremos ver… que no queremos que vean.
Una imagen de lo que ocultamos…de lo que somos…de lo que creemos ser…de los pecados no confesados…no perdonados…no aceptados.
David emprenderá un viaje en coche con sus abuelos y tíos abuelos a través de una de las regiones más despobladas del país.
El abuelo de David siente la necesidad de orinar y por tanto se desvían por un camino que los lleva a las puertas de un laberinto vegetal oculto en un jardín propiedad de un ventero que los invitará a visitar tan enigmático lugar. «El Cazador» reza el letrero. Bienvenidos al laberinto, el laberinto necesita ser alimentado con los pecados, los secretos, la culpa… alimentado con el abono de la mentira aprendida y ocultada en lo más oscuro de nuestro ser.
Bienvenidos al laberinto, una historia fuera de sus angustiosos caminos…otra historia fuera de su meta imposible. Cerrar los ojos, abrir la mente, lo que somos, lo que queremos ser, lo que nunca llegamos a ser, lo que siempre fuimos, lo que siempre escondimos.
Todo ello se convertirá en la miseria más absoluta con la que regar las plantas de los secretos, de lo escondido…de lo ocultado. Para ver crecer el fruto de la angustia, primero debemos sacrificar la auténtica realidad.
Una novela en la que yo elegí perderme… una novela que una vez empezada es imposible de abandonar... prefiero morir un poco en cada página para seguir resucitando en cada una de las muertes inventadas… de las muertes escogidas.
Una novela que te mantiene en tensión hasta el último giro… hasta el último suspiro, hasta el último aliento.
¿Por qué lloran los sauces? ¿Cuál es el secreto que esconden los arbustos? ¿Las lágrimas vertidas son de miedo o de culpabilidad? Tantas mentiras, tantas verdades, tanto dolor.
Bienvenidos al laberinto, la entrada es gratis, la salida, no.
Señoras y señores pasen y lean.
Juan Flores