
Leo nunca falla.
Os dejo su reseña y, por favor, ¡no os perdáis su Instagram si os gusta leer y conocer a nuevos autores!
Desde el propio planteamiento se percibe esa conexión con un imaginario muy conocido, aunque lo interesante es que no se queda en el guiño fácil. La historia toma esa base y la transforma en algo mucho más actual, con una identidad propia que se va afianzando conforme avanzas en la lectura.
Dolores es un personaje que no busca redención ni simpatía, y precisamente ahí está su fuerza. Es incómoda, excesiva y profundamente egoísta, pero también magnética. Hay algo en su forma de moverse por el mundo, en esa seguridad casi insolente, que hace difícil apartar la mirada. Su falta de consecuencias no solo define sus actos, también genera una tensión constante, porque sabes que en algún momento todo eso tendrá un precio.
El tono tiene mucha intención. Hay crítica, hay ironía y también cierta crudeza al retratar comportamientos que no resultan tan lejanos como nos gustaría pensar. La narración es ágil y directa, lo que facilita que la lectura fluya sin esfuerzo. No necesita adornarse demasiado para transmitir lo que quiere decir, y eso le da un ritmo muy agradecido.
El relato principal destaca claramente dentro del conjunto. Es donde la idea se desarrolla con más fuerza y donde mejor se percibe el potencial de la propuesta. Los textos que lo acompañan amplían el abanico, mostrando diferentes enfoques y temáticas. Puede que no todos tengan el mismo impacto, pero sí aportan variedad y permiten ver distintas facetas de la autora. Y es que yo creo que es una maestra del terror, que más podría deciros que no sepáis.
Un libro que se disfruta y que demuestra que se puede partir de una referencia conocida sin quedarse a su sombra. Tiene carácter, una protagonista que deja huella y una forma de contar que atrapa sin complicaciones. Al terminar, la sensación es la de haber leído algo que se apoya en lo conocido, sí, pero que sabe perfectamente hacia dónde quiere ir.